Enseñanzas del viaje nocturno y la
ascensión a los cielos
Alabado sea Allah, Señor del Universo. Le
glorificamos, Le pedimos perdón por nuestros pecados y a Él nos encomendamos.
Nos refugiamos en Allah del mal que existe en nuestras propias almas y de los
perjuicios de nuestras malas acciones. A quien Allah guía nadie puede desviar,
y a quien extravía nadie puede guiar.
Atestiguo que nada ni nadie merece
adoración sino Allah, Único, Quien no tiene copartícipe alguno. Atestiguo que
Muhammad es Su siervo y Mensajero.
Alabado sea Allah, Único y sin socios en
Su reino, alabado sea Aquél cuya adoración exclusiva es la principal causa que
nos hará entrar al Paraíso. Alabado sea Allah que nos ha guiado al Islam,
haciéndonos pertenecer a la comunidad del último de los profetas enviados a la
humanidad, Muhammad, a quien concedió la sabiduría y el Corán. Alabado sea
Allah por todas las gracias y bendiciones que nos ha concedido. Alabado sea,
por haber hecho de este mundo una tierra de cultivo, para cosechar los frutos
en esta vida y el más allá. Quien obre bien, encontrará recompensa, y debe
agradecer a Allah. Quien haya obrado mal, se hará merecedor del castigo, y no
debe culparse sino a sí mismo.
Cuando habían pasado diez años del
comienzo de la revelación al Profeta Muhammad (saw) sucedieron varios hechos
que entristecieron al Profeta (saw).
El tío del Profeta Abu Talib murió sin
convertirse al Islam. Aunque el Profeta (saw) hizo todo lo posible para que su
tío aceptara el Islam, este eligió seguir con la religión de sus ancestros.
Esto entristeció mucho al Profeta (saw) porque Abu Talib lo había criado desde
su niñez y lo había protegido del daño que los Quraish le querían hacer. Por lo
tanto la muerte de Abu Talib afectó al Profeta (saw) en dos aspectos: (1) no
había aceptado el Islam y (2) no podría proteger al Profeta (saw) de la
persecución de Quraish.
Tres días después de la muerte de Abu Talib, la esposa del Profeta,
Jadiyah Bint Juailid murió. Ella era quien lo consolaba y lo animaba durante
sus primeras experiencias difíciles con respecto a la revelación y durante los
primeros ataques y el rechazo de su pueblo.
Luego de estos dos asuntos tan difíciles, y ante el rechazo de Quraish,
el Profeta viajó a la ciudad de Taif, esperando que aceptaran el Islam, pero
este pueblo en lugar de aceptar y dar la bienvenida a Profeta (saw) lo
rechazaron y enviaron a los niños a que lancen piedras contra el Profeta.
Cuando todo esto sucedió el Profeta se puso sumamente triste, y llegó a pensar
que había perdido el favor de Allah, y al llegar a las afueras de Taif, elevó
sus manos en una súplica que muestra la tristeza y la preocupación de su
corazón: “¡Oh Dios, ante Ti me quejo de mi debilidad, de mi desamparo y de mi impotencia
ante los hombres! ¡Oh el Más Misericordioso de los misericordiosos! Tú eres el
Señor del débil. Tú eres mi Señor. ¿En manos de quién me confiarás? ¿En las de
algún remoto forastero que me maltrate? ¿o en las de un enemigo al que Tú has
dado poder contra mí? No me importa, mientras no estés enojado conmigo. Pero si
tuviera Tu ayuda a mi favor ¡eso sería
para mí el camino más fácil y mayores oportunidades! Me refugio en la Luz de Tu
Rostro por la cual la oscuridad es iluminada y todas las cosas de este mundo y
del otro son rectamente ordenadas, por temor a que Tú hagas descender Tu ira
sobre mí, o por temor a que Tu cólera me acose. Es cosa Tuya, sin embargo,
reprochar hasta que estés bien satisfecho. No hay poder ni fuerza sino en Ti.”
Allah, alabado sea, para subir el animo
del Profeta (saw) y mostrarle la importancia de su mensaje y misión, le
concedió un milagro grandioso: el viaje nocturno y la ascensión a los cielos.
Dice Allah en el Corán rememorando este
milagro:
“Glorificado sea Quien transportó a Su
Siervo durante la noche, desde la mezquita sagrada [de La Meca] a la mezquita
lejana [de Jerusalén] cuyos alrededores bendijimos, para mostrarle algunos de
Nuestros signos. Él todo lo oye, todo lo ve”. (Corán 17:1)
Casi al final de una noche tranquila el
ángel Yibril despertó al Profeta (saw), cuando Muhammad (saw) se levantó, el
ángel lo tomó de la mano y lo llevó afuera de la casa hasta la puerta de la
Ka‘bah. Allí se encontró con un extraño animal que no era como los que había en
la tierra. Era similar a una mula y tenía alas. Le dijeron que su nombre era
“Buraq”, que en árabe deriva de Barq que significa destello de luz. Yibril
ayudó a subir al Profeta (saw) y ambos se fueron hacia el norte. Buraq salió
hacia el horizonte y en instantes llegaron a Jerusalén. Allí el Profeta (saw)
desmontó y ató al animal en el aro de la puerta de la Mezquita Al-Aqsa donde
oró dos Raka‘at.
Después que el Profeta (saw) ascendió
rápidamente hasta los cielos atravesando el sistema solar. El Profeta (saw) y
Yibril viajaron a gran velocidad y rápidamente dejaron nuestra galaxia hasta
que llegaron a los confines del universo. Entonces Yibril pidió que se abran
sus puertas para que pudiesen entrar y fueron abiertas. Cuando llegaron al
cielo más bajo, el Profeta (saw) vio a un hombre sentado junto a un gran grupo
de gente que estaba a su derecha y otro a su izquierda. Cuando el hombre miraba
a aquellos que estaban a su derecha se reía pero cuando miraba a aquellos que
estaban a su izquierda, lloraba. El Profeta (saw) le preguntó a Yibril quién
era ese hombre y le respondió: “Este es tu padre Adán, salúdalo”. Cuando el
Mensajero (saw) lo hizo, el Profeta Adán también lo saludó y le dijo
“¡Bienvenido! Oh, buen hijo y buen Profeta”. Entonces Yibril dijo: “Esas
personas que están a su derecha y su izquierda son las almas de sus
descendientes. Aquellos que están a la izquierda son los habitantes del
Infierno, esa es la razón por la que cuando mira a la derecha ríe y cuando mira
a la izquierda llora”. Luego Yibril lo llevó hasta el segundo cielo donde se
encontraron con el profeta Jesús y el profeta Juan, arriba en el tercero
encontraron y saludaron al profeta José; más arriba, en el cuarto cielo vieron
y saludaron al profeta Enoc (Idris), en el quinto al profeta Aarón y en el sexto
encontraron al Profeta Moisés. Al llegar al séptimo cielo encontraron al
Profeta Abraham. Luego Yibril condujo al Profeta (saw) hacia el árbol del Loto
del Límite (Sidrat al Muntaha). El árbol de loto marcaba el lugar más allá del
cual Yibril no podría ir pero que Allah le permitió al Profeta Muhammad llegar,
donde le habló directamente.
Allah menciona este episodio en el Corán:
“[Juro] Por la estrella cuando desaparece
[al amanecer] Que vuestro compañero [el Profeta Mujámmad] no se ha extraviado,
ni está en un error. Ni habla de acuerdo a sus pasiones. Él sólo trasmite lo
que le ha sido revelado. Aquello que le enseñó el dotado de poder y fortaleza
[el ángel Gabriel], cuando se le presentó [en su verdadera figura como fue
creado] En lo más elevado del horizonte, Y luego descendió y se acercó a él,
Hasta una distancia de dos arcos o menos aún. Entonces [Allah por medio del
ángel Gabriel] le reveló a Su siervo parte del Corán. Y por cierto que el
corazón [del Profeta] no desmintió lo que había visto. ¿Acaso van a desmentir
lo que vio? Sepan que en verdad ya le había visto [al ángel Gabriel] en otro
descenso, Junto al loto que demarca el límite [de los siete cielos], donde se
encuentra el jardín de la residencia eterna [el Paraíso]. [Cuando el Profeta
Mujámmad, estuvo allí] El loto fue cubierto, y su mirada no se desvió [de lo
que debía mirar], ni tampoco se extralimitó. Y por cierto que contempló algunos
de los más grandes milagros de su Señor.” (53:1-18)
Luego de eso el Profeta (saw) descendió
con Yibril a la Mezquita de Jerusalén (Al-Masyid Al-Aqsa). Allí subió al Buraq
y regresó a su hogar en La Meca donde encontró que su cama aún estaba tibia.
Enseñanzas de esta historia
1. Luego de toda dificultad viene la
facilidad.
2. Aferrarse a la verdad y enfrentar la
falsedad a pesar de las dificultades, con paciencia y determinación.
3. La tranquilidad llega a las personas
luego de sufrir dificultades, siempre que uno se aferre a la paciencia y a la
súplica, tal como nos muestra la súplica que hizo el Profeta (saw) luego de
Taif.
Hermanos y hermanas en el islam pidan paz
y bendiciones por el Profeta Muhammad, tal como Dios nos enseña en el Corán:
“Ciertamente Allah y Sus Ángeles bendicen
al Profeta. ¡Oh, creyentes! Pidan bendiciones y paz por él”. [Corán 33:56]
¡Oh Allah! Me refugio en Ti de desviarme o
ser desviado, de equivocarme o de que me precipite en el error, de oprimir y
ser oprimido, de ser ignorante o que sean ignorantes conmigo.
¡Oh Allah! Tú eres el Soberano, no existe
dios excepto Tú. Tú eres mi Señor y yo soy tu siervo. He sido injusto con mi
alma, reconozco mis pecados, perdona todas mis culpas, y mis faltas porque
nadie perdona los pecados sino Tú. Guíame hacia los mejores modales, no guía a
ellos sino Tú. Aleja de mí las malas obras, no las aleja sino Tú.
¡Oh Allah! Perdóname tanto los pecados que
cometí como lo que dejé de hacer, y aquellos que haya cometido en secreto y
públicamente, y lo que haya malgastado, como también de aquellas cosas que Tú
bien sabes de mí.
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